El valor no está en la vasija, sino en lo que habita en ella.
2 Corintios 4:7 dice: “Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la extraordinaria grandeza del poder sea de Dios y no de nosotros”.
A veces sentimos que somos frágiles, cansadas o limitadas. Y la verdad es que lo somos. La Biblia nos llama vasos de barro: comunes, imperfectos y fáciles de quebrar. Pero ahí está lo hermoso… Dios nunca se equivoca al escogernos así.
El valor no está en el vaso, sino en el tesoro que lleva dentro. Ese tesoro no es algo material; es la vida de Cristo en nosotras. Es Su presencia, Su poder, Su luz y el llamado que Él puso en nuestro corazón. Algo tan valioso habitando en algo tan sencillo.
Este versículo nos recuerda que la fuerza no viene de nosotras. La excelencia del poder es de Dios. Cuando ya no podemos más, Él sí puede. Su poder transforma, sostiene y nos hace florecer aun en momentos que, por nosotras mismas, serían imposibles.
Dios se glorifica cuando dejamos que Su poder se manifieste en medio de nuestra fragilidad; cuando nuestra vida refleja Su amor, Su gracia y Su verdad en lo cotidiano: en casa, en el trabajo, en nuestras relaciones y en nuestros procesos.
Hay una invitación a vivir con propósito, a no esconder nuestras debilidades, sino a confiar en que Dios puede usarlas para Su gloria. Somos vasijas sencillas, sí… pero llevamos dentro un tesoro eterno.
-Laura Quiñonez